Si protestan, lo hemos hecho bien

El mundo de las herencias y los divorcios se edifica sobre un terreno pantanoso. Y es que de esos terrenos solemos permitir que salga el peor ogro que llevamos dentro, ese que nos hace ambiciosos a más no poder: alguien, más o menos querido, nos ha dejado de alguna manera, y nosotros solemos preocuparnos más de buscar bronca con el único fin de acumular lo máximo posible en el reparto. Y es que uno de esos defectillos del ser humano es querer acaparar cuanto más mejor, sea la situación más o menos delicada.

Quizá la referencia con la que contamos en estos casos sean esos “maniquíes sin sentimientos” que aparecen en los alabados programas de prensa rosa. Esos personajes sacados de verdaderas telenovelas que sólo parecen preocuparse de sus carísimos vestidos, de fiestas y de sus parejas de quita y pon. ¡Pero no! También tienen otras preocupaciones: las contínuas peleas con la familia por herencias multimillonarias y/o las morbosas discusiones con las ex parejas por el reparto de bienes multimillonarios. Son multimillonarios y multiproblemáticos.

Pero estos problemas se extienden también al resto de la humanidad. Unos tendrán más glamour y otros menos, pero eso no te asegura el saber a quién acudir para solucionar el problema anterior. Escuchad bien si tenéis este problema: Escoged a alguien que reparta equitativamente los bienes en lotes y consiga de esa manera que NO se agoten las quejas y las discusiones. Y ahora diréis, ¿¡cómo dices!?

¿No se trata de repartir los bienes de manera que cesen las peleas? Pues sí. Y no. Veréis, en estos momentos actuamos de manera seriamente infantil, guiados por dos principios: el de “tengo esto pero quiero eso” y el de “tengo todo esto pero quiero todo eso también”. Y decimos “seriamente”, porque es serio el asunto: si tu lote vale lo mismo que el de tu recién estrenado ex marido, ¿por qué protestáis? La respuesta es muy sencilla: Porque ni tu parte vale más que la suya, ni la suya más que la tuya. Si no fuera así, ¿cuál es la razón de tanta protesta?

Ahí lo tenéis, si protestan es que desde luego no creen tener más que los demás, más bien al contrario. Es lo mismo que pasa con los niños, haced la prueba: repartid una bolsa de caramelos de una clase y otra de otra clase a dos niños, que cada uno escoja una mano. A ver qué es lo que dicen cuando destapéis la sorpresa: ¿tiene más él? ¿Lo suyo es mejor que lo mío? ¿Has hecho trampa con las manos para darle a él esa bolsa y no la mía? Bueno, no pasa nada, que protesten. Tú has repartido bien, así que tu trabajo está bien hecho.

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